El emprendimiento educativo no consiste en convertir a cada niño en empresario. Se trata de aprender a observar el entorno, proponer mejoras y asumir responsabilidades compartidas.
Los proyectos pueden comenzar con una necesidad del propio centro: mejorar un patio, intercambiar libros o diseñar una campaña de consumo responsable. Lo importante es que el alumnado tome decisiones y pueda comprobar el efecto de su trabajo.
Una idea se enriquece al hablar con quienes van a utilizarla. Investigar, hacer un prototipo sencillo y recibir comentarios permite comprender que la creatividad es un proceso de revisión.
El éxito no debe medirse únicamente por ventas o premios. También cuentan la colaboración, la capacidad de explicar una propuesta, el aprendizaje tras un error y el impacto positivo en la comunidad.
Pablo Herrera es una firma editorial de Aula21. Conoce nuestras voces.



