El patio es uno de los espacios con más potencial educativo y, a menudo, uno de los menos pensados. Repensarlo junto al alumnado permite equilibrar el juego activo con zonas de calma, naturaleza y encuentro.

Los procesos más interesantes empiezan con una observación: qué zonas se usan, quién se queda al margen y qué echan de menos los estudiantes. A partir de ahí, las propuestas se prueban con materiales sencillos antes de hacer cambios definitivos.

Un patio diverso favorece la convivencia y reduce conflictos, porque ofrece alternativas a quienes no quieren o no pueden participar en los juegos dominantes.

Clara Montes es una firma editorial de Aula21. Conoce nuestras voces.